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viernes, 19 de junio de 2009

De 57 países, en el puesto 39



LA ECONOMÍA ESPAÑOLA, EN EL Nº 39 DEL RANKING DE COMPETITIVIDAD ... Y BAJANDO

Según la 21st Edition of the « IMD World Competitiveness Yearbook>, instituto que se dedica, año tras año, a medir la competitividad de 57 paises del mundo, constata que, en los últimos tres años, la competitividad de la economía española ha pasado del puesto 30, al 33 y, finalmente al 39 en el presente año.


The World Competitiveness Scoreboard presents the 2009 overall rankings for the 57 economies covered by the WCY. The economies are ranked from the most to the least competitive and the results from the previous year’s scoreboard (2008) are shown in brackets. The Scores shown to the left are actually indices (0 to 100) generated for the unique purpose of constructing charts and graphics.

Con mayor tasa de competitividad que nosotros se encuentran paises como Lituania, Eslovenia, Eslovaquia, paises de la antigua URSS, Kazajastán, Perú y Bulgaria. Con este panorama ¿cómo aspiramos a que crezcan nuestras exportaciones y a salir de la crisis a la misma velocidad que lo puedan hacer otros paises?

martes, 28 de abril de 2009

Por fin, decisión en FOMENTO. Nuevo trazado del AVE a Galicia a su paso por Sanabria-Orense

BIEN, MINISTRO

Decidiendo. Las cosas se resuelven decidiendo cuando llega el momento oportuno y no dejándolas pudrir. Que esto último era lo que pasaba con el acceso de la línea de alta velocidad a Galicia entre Sanabria y Orense. El trazado anterior suponía que lo que se ganaba en tiempo por el túnel de Guadarrama se iba a perder en Lubián por un trazado que no permitiría velocidades superiores a 200 km/h. Galicia se incorpora, con esta decisión, al común de las prestaciones en tiempo-velocidad del resto de regiones españolas, atravesando el nuevo trazado una orografía muy complicada, de ejecución costosa y de alto valor medioambiental, que habrá que proteger con las medidas adecuadas. Parece que el "sentidiño" vuelve a Fomento después de "unha longa noite de pedra" que fue la era Álvarez. Ahora ministro, para rematar la faena, sólo queda hacer otro esfuerzo para que se pueda cumplir el plazo de 2012 previsto.

jueves, 23 de abril de 2009

La crisis se agrava: UN PACTO DE ESTADO, YA

EN EL 1º TRIMESTRE 802.800 PERSONAS MÁS HAN PERDIDO SU EMPLEO

Las crisis recientes de la economía española, medidas en las
pérdidas de empleos,hasta la recuperación de éstos a niveles del inicio.

La crisis actual, muestra una caída muy profunda
del empleo en muy corto espacio de tiempo.


Pocas palabras hacen falta para describir la hondura y la previsible larga duración de la crisis que muestra el gráfico anterior. El INE ha hecho pública hoy la última EPA y el nº de parados del 1er trimestre de 2009, respecto del 4º de 2008, ha crecido en 802.800 personas hasta situarse en más de 4 millones de personas sin trabajo. En los últimos 12 meses la pérdida de empleo alcanzó a 1.836.500 personas y 1,4 millones desde el 3º trimestre de 2007 en que la crisis se inició. La evolución de los hechos agrava, si cabe todavía más, el pesimista pronóstico (v1); (v2); (v3); que hicimos meses atrás. Si hace 32 años el profesor Fuentes Quintana nos convocaba a un pacto de estado para enfrentar aquella crisis, ¿qué más tiene que pasar para que ahora, mucho más grave la situación, hagamos algo al respecto? Por favor, señores de la política, un pacto de estado, YA.

Por
J. Enrique Villarino

domingo, 19 de abril de 2009

Según una profesora de la Universidad de Emory, el coraje propicia la eficiencia y más beneficios


Una cultura del coraje en las empresas hubiera suavizado los efectos de la crisis

Parte de los problemas que arrastran las empresas actualmente, sobre todo las financieras, se hubieran amortiguado si se hubiese impulsado lo que la profesora Monica C. Worline, de la Universidad de Emory, llama “cultura del coraje”. Se refiere a que dentro de las empresas tiene que haber personas, no importa en qué escalafón, que tengan el coraje para criticar y avisar de estrategias equivocadas. Worline pone el ejemplo de grandes gigantes que han caído y donde nadie escuchó a trabajadores de estratos bajos de la organización que ya advirtieron de situaciones dudosas. La manera de propiciar esa cultura del coraje, dice, es ayudar a que la comunicación de abajo hacia arriba dentro de las empresas sea más sencilla y fluida.

Viernes 17 Abril 2009
Raúl Morales
TENDENCIAS DEL SIGLO XXI
TENDENCIAS ESTRATÉGICAS

Una cultura del coraje en las empresas hubiera suavizado los efectos de la crisis. La crisis actual requiere coraje. A esa conclusión llega Monica C. Worline, que es profesora de management en la Goizueta Business School, de la Universidad de Emory, en los Estados Unidos. Según ella, parte de los problemas que sufrimos en la caótica situación que estamos viviendo se podrían haber evitado si las suficientes personas en las suficientes empresas hubieran tenido un poco de coraje para cuestionar si las decisiones estratégicas que se estaban tomando eran las más adecuadas.

“Cuando no cuestionamos algo que todos los demás están haciendo, es un típico comportamiento de conformismo”, comenta Worline en un artículo que publica Knowledge Emory.

Worline estudia la importancia del coraje en las empresas, y cómo los trabajadores que tienen esta cualidad (ya sean administrativos, vendedores o ejecutivos) pueden ayudar a sus empresas a operar con más eficiencia, generar más beneficios y, lo que es más importante, evitar situaciones de crisis.

Después de años investigando sobre el tema, y de haber entrevistado a cientos de trabajadores sobre actos de coraje vistos en sus empresas, ha llegado a la conclusión de que las empresas y organizaciones se podrían beneficiar de promover el coraje de sus empleados para cuestionar su estrategia y sus prácticas, incluso si se cuestiona abiertamente a los niveles más altos de dicha organización.

No hace falta ir muy lejos para darse cuento de que la situación complicada que pasa, por ejemplo los Estados Unidos es en parte resultado de decisiones muy pobres tomadas desde puestos de máxima responsabilidad, ya sean del estado, ya sean de las empresas. Muchas de esas estrategias no fueron cuestionadas en ningún momento.

Inconformistas, despedidos

“Imagino que hubo gente en niveles bajos de las instituciones financieras que dijeron a sus supervisores “esto no va bien del todo”, pero no fueron escuchados”, comenta Worline. Esta investigadora ha detectado este tipo de comportamientos en empresas que después han quebrado.

En ellas, lo trabajadores “rasos” no sólo no fueron escuchados, sino que además fueron despedidos por hacer más preguntas de la cuenta. “Creo que uno de los problemas en la situación actual es que, si las empresas se hubieran comprometido realmente con esta idea del coraje entre sus empleados, ahora se podría estar gestionando la situación de un modo diferente”.

¿Por qué se dan estas situaciones? Para Worline, las organizaciones funcionan como “sistemas de control”. En otras palabras, las empresas suelen funcionar queriendo alcanzar el conformismo, manteniendo a sus empleados “alineados” y sistematizando las expectativas, de tal modo que la gente hace exactamente lo que la empresa necesita.

“Las organizaciones están pensadas para sistematizar y llevar a cabo comportamientos rutinarios, pero no es menos cierto que los líderes quieren que la gente haga las cosas bien, lo que en muchas ocasiones no coincide con esa rutina”, comenta Worline. “Necesitan gente que tenga el coraje de tener un campo de visión más amplio y mantener a la empresa en línea con sus objetivos”.

Incluso las grandes empresas muchas veces se pierden por el camino; incluso los ejecutivos más avezados toman malas decisiones. En tales casos, los empleados deben estar alerta y los ejecutivos deben escuchar lo que éstos les dicen.

La cultura del coraje

¿Cómo pueden las empresas crear esta cultura del coraje? Según Worline, todo comienza con la comunicación. Generalmente, en una empresa la información circula más fácilmente de arriaba hacia abajo que viceversa. Esta estructura de comunicación no facilita que se cuestionen, desde abajo, las acciones o estrategias dudosas que se llevan a cabo por parte de la dirección de una empresa.

Según los estudios de esta profesora, los empleados enseguida captan si sus superiores aceptan fácilmente el “candor”. Si los superiores rebaten constantemente críticas constructivas que les llegan desde estamentos inferiores, no pasará mucho tiempo para que lo único que les llegue sea el silencio. Las empresas pueden impulsar una atmosfera más abierta sencillamente escuchando, escuchando y, algunas veces, actuando en función de la información que les llega.

“Los directivos tienen que tomárselo en serio, y tienen que hacer llegar estas cuestiones a otras personas que estén por encima de ellos en el escalafón”, dice Worline.

Aunque los errores que se han tomado en esta crisis no se pueden deshacer, esta profesora asegura que se pueden aprender muchas lecciones de este momento. Por ejemplo, que el conformismo tiene parte de la culpa de que las instituciones financieras estén como estén.

sábado, 28 de marzo de 2009

Raimundo Hiriart Le Bert, a propósito de la crisis actual



EN PERÍODO DE CRISIS: REFLEXIÓN Y CAMBIO DE RUMBO

Por
Raimundo Hiriart Le Bert

Sabido es, y el dicho popular así lo certifica, que no es aconsejable hacer mudanza en tiempos convulsos. Pero ello no implica congelar, ni el rol del raciocinio, ni el de la autocrítica ni tampoco frenar las acciones que se deban adoptar a la luz de los nuevos acontecimientos que se nos vienen encima, o que ya acechan sobre nuestras indefensas cabezas.


En un artículo publicado a página completa en un importante periódico de tirada nacional, hace la friolera de veintisiete años, titulado Programas Electorales y Planificación, exponía algunos puntos de vista personales relativos a los inminentes comicios de 1982. A la luz de la grave situación de crisis que atravesamos ahora a nivel mundial, y con mayor ensañamiento en España, creo conveniente citar unas referencias de entonces, y cotejarlas con lo que sucede hoy.

Escribía, a grandes rasgos: plantear alternativas ideológicas con proyectos coherentes; avanzar con tiento ante una democracia emergente y en rodaje; dirigentes de partidos políticos, permeables y próximos a los problemas de los ciudadanos; elevar los bajos niveles de los debates en aras de la convivencia democrática; solidaridad a todos los niveles; ofrecer programas electorales claros en el apartado del bienestar y el de la eficiencia y rentabilidad de la economía. A mi juicio, por aquella época, la travesía se deslizaba carente de una adecuada carta de navegación.
Hemos de reconocer, que a pesar de los notables avances conseguidos durante estos largos años, algunos de los asunto citados, no sólo siguen sin resolverse, sino que han empeorado.

Hablando del ámbito nacional, o estatal, los dirigentes de los partidos políticos se han atrincherado en sus bunker, sin salir al encuentro de las auténticas preocupaciones de la mayoría de la ciudadanía. No han logrado entender algo tan simple: que están sentados en sus escaños porque los más de cuarenta millones de españoles no cabemos en el hemiciclo, ergo, los elegimos a ellos para que nos representen y punto pelota. A veces da la impresión de que confunden los fines con los medios. Los fines, los objetivos para los cuales los elegimos (si es que uno vota) no son otros que el de elaborar proyectos alternativos que ilusionen, pero que den respuesta a la necesidades de una población cada vez más dispersa, variopinta y exigente. Con programas que, naturalmente deben sustentarse en legítimos principios ideológicos, aunque no con predicamentos y actitudes excluyentes y sectarias. Para eso no son elegidos los partidos políticos en las urnas, sí, digo los partidos pues no votamos a los que consideramos los mejores dentro de esas organizaciones, garantes de la democracia según nuestra Constitución. Debemos lamentar con preocupación que la distancia entre la llamada sociedad civil y tan importantes instituciones se va ensanchando.

Koontz y O`Donnell, hace ya mucho, cuando tan acertadamente destripaban los pilares básicos de una planificación eficaz -perfectamente trasladable a la vida pública-, distinguían como determinante el principio de cambio de rumbo. En esta etapa tan dura e incierta que vive nuestra sociedad, no ajena al proceso de globalización (en lo positivo y en lo negativo), tal vez convenga que aprovechen el tiempo los dirigentes políticos, transformándose en líderes de verdad, para hacer autocrítica, con criterios abiertos no excluyentes, que permitan visualizar el nuevo futuro que nos espera. Adelantarse pues a poner los cimientos del nuevo modelo en gestación y tener el coraje de realizar el cambio de rumbo que convenga a la gran mayoría de ciudadanos – y a sus nuevas generaciones-, que no es el mismo que el propugnado por un puñado de electores influyentes con tics autoritarios, poco amigos de la aplicación de la industria del diálogo. Actitud que no significa, ni mucho menos, renunciar a metas u objetivos, sino que apunta a que la dirección sea la más adecuada a los nuevos y crudos acontecimientos. Ya lo decían los autores aludidos: cuando el camino se presenta atiborrado de mutaciones e imprevistos, hay que hacer valoraciones periódicas de la situación, reajustar los planes y variar el rumbo de acuerdo a los cambios de corrientes y mareas, manteniendo sin variaciones el destino final.


Raimundo Hiriart Le Bert es Analista Ocupacional y Consultor y desempeñó las funciones de Cónsul General de España en Nouadhibou, República Islámica de Mauritania.

jueves, 12 de febrero de 2009

Una crisis previsiblemente larga y profunda

La crisis que nos espera
Por

José Enrique Villarino

Los economistas y máxime los económetras entre los que me considero un mero aficionado, somos bastante dados a exponer el dedo índice al viento o sacar la bola y empeñarnos en adivinar por dónde puede ir el futuro. Raras veces acertamos pero algunas de esas pocas “raras”, pues sí. El secreto, no es otro que aprender del pasado y extraer aquellas conclusiones que puedan ser aplicadas al escenario que se pretende anticipar, sin perder de vista que en economía, como en todas las parcelas de la vida los acontecimientos son procesos dinámicos, evolucionan y se retroalimentan a sí mismos.

Para medir las crisis, nada más significativo que acudir al más lacerante de los indicadores, que suele ser quien más paga el pato: el empleo, o su otra cara, el paro, el desempleo. No es un indicador económico neutral, son personas sin trabajo, angustiadas, padres abatidos, jóvenes desesperanzados. Personas que sufren.


Fuente de los datos: INE

Este primer gráfico es suficientemente expresivo de la naturaleza –catadura diría yo- de la crisis actual. Se trata de visualizar la evolución del empleo (medido en nº de personas ocupadas) desde enero de 2006 a diciembre del año pasado. Una irresistible ascensión hasta mediados del 3º trimestre de 2007 que venía de una década atrás, y un desplome, en caída libre, a partir de entonces. Parece que para algunos, presidente y gobierno incluidos, esto era un espejismo y, por el contrario, todo iba viento en popa. Si al gráfico le añadiésemos los datos de enero 2009, el panorama sería todavía más desolador. Si algo define a esta crisis económica, sobre todo en nuestro país, es lo vertiginoso de su desarrollo, lo vertiginoso y veloz de su agravamiento. Nunca, nada, se deterioró en tan poco tiempo, ni –luego lo veremos- lo hará por tanto tiempo. Así pues, una primera conclusión: se trata de una crisis profunda, muy profunda que avanza velozmente.



No nos engañemos, la crisis va a ser larga. Aprendamos algo del pasado y veamos cuán largas y profundas han sido las anteriores. Eso es lo que pretende poner de manifiesto el segundo gráfico. La lectura del gráfico es muy sencilla: hemos llevado a un mismo origen –cero-, trimestre a trimestre, las pérdidas de empleos desde que se inician la crisis hasta que éstos recuperan el mismo nivel que tenía cuando aquellas se iniciaron. La primera de ellas es la que tuvo lugar a comienzos de los años 70 y que se conoce como el primer y segundo cracks petroleros, como consecuencia de los sucesivos incrementos del precio del crudo durante una década, que hirió nuestro sistema productivo y nuestra competitividad exterior. Esta crisis duró casi 14 años y llegó a provocar una destrucción, en su punto máximo, de en torno a 1,8 millones de empleos.

La segunda crisis es la que se inicia a finales de los 80–comienzo de los 90 y que se prolonga hasta bien entrada la segunda mitad de esa década y que se caracterizó por un deterioro de las principales magnitudes y variables económicas, hasta tal punto de no cumplir ninguno de los requisitos exigidos por lel lamado Tratado de Maastricht, paso fundamental en la integración europea y en la creación de la UE como refundación de la antigua Comunidad Económica Europea. Cinco años y medio costó enderezar la situación desde que las cosas se empezaron a torcer.

En la crisis actual, que se inició bastante antes de que se empezasen a notar los efectos negativos sobre el empleo en el 3er trimestre de 2007, se observa una mayor y más acentuada caída en picado del empleo, lo que no es sino la expresión dramática de nuestra propia y gravísima crisis endógena, interna, agravada, todavía más, por la crisis del sistema financiero internacional. Nuestra actividad económica era, y sigue siendo, muy poco productiva y muy especulativa –la tan traída y llevada crisis del ladrillo-. Como no producíamos –ni producimos- riqueza suficiente para pagar el desarrollo, nuestro crecimiento se financiaba –-ahora ya no crece nuestra economía, sino todo lo contrario- a costa de endeudarnos con el resto del mundo. Nuestro déficit exterior es del 12% del PIB, el mayor del mundo, excepto lógicamente el de USA, lo que se traduce en un endeudamiento masivo de las familias, las empresas y bancos y sistema financiero en general. Nuestra crisis es, básicamente, una crisis por empeñarnos por vivir por encima de nuestras posibilidades y, en segundo lugar, por intentar vivir a costa de los demás, a unos costes financieros que ni hemos podido, ni podemos pagar.

Para salir de ella, debemos, primero, devolver muy buena parte de lo debido; segundo, cambiar nuestro sistema productivo y energético por otro que produzca cosas exportables y que alivie nuestra factura energética –una causa muy importante de nuestra abultada deuda- ; tercero, mejorar muchísimo nuestra competitividad –hacer más con menos- y, cuarto, favorecer el ahorro y penalizar el gasto, consumir lo justo –ya se ha visto lo que da de sí una economía cuyo crecimiento se basa exclusivamente en el consumo- y ahorrar para poder invertir. La diferencia entre gastar e invertir es que gastar y consumir, lo dice la propia expresión, no crea riqueza, se acaba y consume en si mismo. Invertir es aplicar recursos en actividades que crean más recursos, que se multiplican por y en si mismos, que crean riqueza.

Esta crisis, además de larga, que ya lo hemos dicho, va a ser profunda, muy profunda. Ya sabemos del ritmo endemoniado a que se destruyen los empleos día a día y trimestre a trimestre, destrucción que, una vez destrozado el sector inmobiliario ahora arremete, especialmente, contra el sector servicios y que poco más quedará por destruir ya que las anteriores crisis se encargaron de cargarse tanto la poca y mala industria que teníamos, como la ya tradicionalmente maltratada agricultura y pesca.

Teniendo en cuenta que el gobierno rema contra corriente con medidas que todavía la agravan más, - nula disciplina presupuestaria, gasto social poco efectivo, más endeudamiento y más caro por la pérdida de confianza de los mercados exteriores de crédito y problemas, especialmente en las Cajas de Ahorro y buena parte de nuestro sistema financiero- desgraciadamente tengo que pronosticar que esta crisis va para largo plazo y con hondas raíces. Todo esto no se resuelve de un día para otro. Calculen no menos de 10-12 años, como poco., suponiendo que alguna vez logremos recuperar el volumen de empleo del 3er trimestre de 2007. La parte sumergida a modo de iceberg del gráfico anterior que representa el empleo destruido esperemos que no acabe con nuestra economía al igual que otro iceberg de hielo acabó con el Titanic en la medianoche del 14 de Abril de 1912. Créanme, nada, nada, me gustaría más que equivocarme.

viernes, 2 de enero de 2009

La Seguridad Social, made in Madoff


















(De JesusEncinar.com)
  • ¡Venga Madoff! ¿De dónde sacaste la idea de pagar a los primeros inversores con el dinero de los siguientes?
  • Del sistema de la Seguridad Social